Blog de Ana Maria Lajusticia

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La alimentación en la fibromialgia

La fibromialgia es una enfermedad basada en el dolor muscular crónico y generalizado en músculos, articulaciones y ligamentos, que afecta al 2% de la población adulta, especialmente a mujeres. Tanto en analíticas como en pruebas radiológicas no aparece ningún parámetro alterado.

Los síntomas que la caracterizan son: dolor, adormecimiento y rigidez en el aparato locomotor, que empeora con las temperaturas frías, el estrés y la actividad física; sensación de sueño y cansancio extremo durante todo el día; problemas psicológicos (ansiedad, depresión y estrés); disminución de la fuerza y trastornos en la relajación muscular, sin inflamación en la musculatura; sobrepeso u obesidad debido a la baja actividad física soportada; acidez de estómago, disfagia, aerofagia y/o síndrome del intestino irritable.

El tratamiento debe ir enfocado a mejorar los síntomas que sufre la persona y su calidad de vida. Lo más recomendable es realizar una actuación multidisciplinar donde intervengan diversos tipos de tratamientos: fármacos, fisioterapia, psicoterapia, deporte y nutrición. El abordaje con la alimentación elaborado por un dietista-nutricionista es de gran valor y puede mejorar mucho el día a día de la persona que sufre esta patología.

Debe tenerse en cuenta que las necesidades de muchos nutrientes se encuentran aumentadas. Por lo general, en el organismo de las personas con fibromialgia se produce una pérdida crónica de calcio y magnesio que genera contracturas en los puntos dolorosos de la musculatura. Además, también es frecuente encontrar un déficit de SelenioZinc, Iodo, Hierro y Vitaminas A, C, B6, B9, D y E. Es importante consumir la suficiente fibra para cuidar de la flora intestinal y Omega 3, que es antiinflamatorio.

Las necesidades de macronutrientes (azúcares, grasas y proteínas) suelen ser las siguientes: un 15% de la energía que se consume a lo largo del día debe proceder de proteínas. Los azúcares complejos deben representar un 50% de la energía que se consume a lo largo del día. En cuanto a las grasas, tienen que representar el 35% de la energía del día y proceder principalmente del pescado azul, el aceite de oliva virgen extra, el aguacate, los frutos secos y las semillas.

En muchos casos, también será necesaria la suplementación para conseguir los niveles necesarios de todos los nutrientes descritos y aumentar así la eficacia del abordaje nutricional, para conseguir mejorar la calidad de vida de los pacientes.

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