Blog de Ana Maria Lajusticia

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Cómo elegir un buen calzado

Es un hecho que la elección de nuestro calzado puede repercutir negativamente en la salud de nuestro aparato locomotor. Por eso, nos gustaría citar aquellos tipos de zapato que pueden causarnos molestias/lesiones y las causas.

En el caso de los zapatos de tacón, provocan problemas posturales ya que empujan el cuerpo hacia adelante, forzando una desviación en las vértebras lumbares. Sufren igualmente los gemelos ya que, para contrarrestar el desplazamiento hacia delante, las piernas se contraen de manera automática, lo que se traduce en molestias e incluso contracturas en esta zona, en las rodillas, las caderas y la espalda. También se altera el modo de caminar, que se vuelve más lento y con pasos más cortos. Además, pueden generar un aumento del desgaste articular (osteoartritis) tanto en las rodillas como en los tobillos, porque cuanto más alto es el tacón más presión genera en estas articulaciones. Incluso, la probabilidad de lesiones por esguince de tobillo es mucho más alta que cuando se usa zapato plano.

En cuanto a los pies, cuando se utilizan tacones altos se varía de manera abrupta el apoyo natural del pie. El tacón puede causar, con el tiempo, importantes dolores crónicos como el del crecimiento óseo en la articulación del dedo gordo, la metatarsalgia o el Síndorme de Mortón (compresión del nervio que pasa entre los dedos tercero y cuarto al usar calzado demasiado estrecho). Lo máximo para evitar dolencias sería un tacón de 4 centímetros para que el peso corporal se reparta. Los zapatos con tacones por encima de ocho centímetros no son recomendables. Además, se recomienda que el ancho del tacón en contacto con el suelo no sea excesivamente estrecho para proporcionar una base estable.

Todo ello sin dejar de lado cómo afectan al sistema circulatorio de las piernas, provocando dolor, hinchazón y propiciando la aparición de varices.

Los zapatos totalmente planos (tipo manoletinas o bailarinas), al tener una suela tan fina, tampoco son recomendables porque no protegen de las imperfecciones del terreno ni amortiguan – el pie absorbe los impactos contra el suelo de manera directa. Suelen causar lesiones como la fascitis plantar, dolor en los talones, tobillos y gemelos por la sobrecarga muscular, calambres, contracturas y tendinitis.

En el ámbito laboral, independientemente de los requisitos especiales que puedan necesitarse debido a la actividad en concreto, en el momento de elegir el calzado adecuado se deben tener en cuenta tres tipos de factores que afectan de manera directa: el tiempo de trabajo, el lugar de trabajo, y las características físicas de la persona.

La amortiguación del total del pie (especialmente del talón) en un calzado de seguridad es fundamental para la comodidad y prevención de lesiones. La normativa también nos habla de una permeabilidad y un coeficiente de vapor de agua determinados en el empeine y forro, como requisito básico. El uso de materiales no transpirables, ya sean en el forro o en el material exterior, tales como determinadas calidades de pieles o algunos sintéticos de baja calidad, nos puede generar problemas: sensación constante de pies fríos, sudoración, problemas de adherencia, reducción de la circulación sanguínea, así como proliferación de hongos y bacterias.

La puntera de seguridad, obligatoria en todo calzado de seguridad, tiene mucha incidencia en su ergonomía. Las punteras clásicas metálicas, normalmente de acero, cada vez se usan menos. Actualmente muchos modelos incluyen punteras fabricadas a base de composites o fibra de vidrio. Son punteras más flexibles, ligeras y con mayor aislamiento térmico.

El calzado debe contemplar el cambio de forma y volumen del pie a lo largo de la jornada laboral, especialmente en el caso de las azafatas de vuelo. Se recomienda una horma ancha en la zona del antepié y una puntera redondeada y lo suficientemente alta para permitir el correcto alojamiento de los dedos. Siempre es preferible un corte cerrado en la trasera. El material debe ser lo suficientemente flexible para adaptarse a la forma del pie y a sus movimientos, permitiendo una flexión adecuada. El acabado en el interior del calzado debe ser cuidadoso para evitar pliegues, costuras o elementos que puedan producir rozaduras o molestias durante su uso. El calzado debe proporcionar suficiente agarre para poder avanzar eficazmente y evitar caídas, y la suela debe contar con un dibujo de mayor rugosidad en la parte trasera.

En resumen, si lo que se busca es comodidad, mejor optar habitualmente por zapatos de trabajo homologados, zapatos con cuña moderada o deportivas estilo casual para el día a día. Aun así, es posible que algunos días sintamos las piernas o los pies cansados y necesitemos una ayuda para aliviarlos, como la que nos proporciona el Aceite de Magnesio.

 

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